El Hospital Garrahan puso en funcionamiento un tomosimulador de última generación para planificar tratamientos de radioterapia en niños y adolescentes con cáncer. La incorporación se concretó durante la gestión de Javier Milei, en el marco del Plan Nacional de Medicina Nuclear de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), organismo al que el hospital atribuyó la adquisición.
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El equipo ya tuvo su primera aplicación clínica en un adolescente con sarcoma sinovial, a quien se le realizó el estudio de simulación necesario para continuar su tratamiento. Su utilización marca el paso de la incorporación tecnológica a la atención efectiva de pacientes.
La función del tomosimulador es obtener las imágenes sobre las que los especialistas diseñan la radioterapia. Estas permiten delimitar la zona que debe irradiarse e identificar los órganos que se busca preservar. La información se utiliza posteriormente en el acelerador lineal, que es el dispositivo encargado de administrar el tratamiento.
Natalia Pinto, jefa del servicio de Radioterapia, explicó que el procedimiento exige mantener al paciente en una posición precisa y reproducible. Por eso, contar con imágenes adecuadas constituye una etapa fundamental de la planificación: permite organizar cómo se aplicará la radiación en cada caso.
Más capacidad para atender a los pacientes
La puesta en marcha también modifica la organización del servicio. Radioterapia podrá realizar sus propios estudios tomográficos de planificación, sin depender de la disponibilidad de los equipos de Diagnóstico por Imágenes. Según el hospital, esa autonomía amplía su capacidad operativa y acompaña el desarrollo de una atención oncológica más avanzada.
El tomosimulador se complementará con el acelerador lineal Elekta Evo, que se encuentra próximo a comenzar su utilización clínica. La incorporación del tomosimulador había sido anunciada por el Garrahan en marzo; ahora, su funcionamiento permite avanzar en la integración de ambas tecnologías con el trabajo del personal especializado.
El avance muestra una aplicación concreta de los recursos públicos en equipamiento para la alta complejidad pediátrica. Su importancia está en la capacidad que suma al hospital: mejores herramientas para planificar tratamientos y un servicio con mayor autonomía para atender a chicos con cáncer.