El gobernador Maximiliano Pullaro quedó en el centro de una insólita polémica por los contenidos que su administración exige estudiar para el Concurso de Ascenso Policial 2026. Bajo una gestión que construyó buena parte de su discurso alrededor del orden y la seguridad, los efectivos deben memorizar categorías como pansexualidad, demisexualidad, lithsexualidad, autosexualidad, antrosexualidad y polisexualidad.
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El temario se encuentra publicado dentro del sistema oficial de concursos del Gobierno santafesino y depende políticamente de la administración de Pullaro. Aunque no existe constancia de que el gobernador haya redactado personalmente el manual, su gestión lo mantiene vigente y el Ministerio de Justicia y Seguridad salió a defender su inclusión. Por eso, la discusión ya no puede presentarse como una simple decisión técnica tomada por funcionarios anónimos.
La diputada provincial Natalia Armas Belavi, del bloque Vida y Familia, presentó un proyecto para exigirle al Ejecutivo que elimine esos contenidos. La legisladora sostuvo que los policías deben ser evaluados por su preparación, experiencia y capacidad para cumplir funciones, no por repetir un catálogo de etiquetas ideológicas sin una relación demostrada con la eficacia operativa.
“Deben evaluarse contenidos estrictamente relacionados con la labor para poder demostrar idoneidad para el puesto y no plagarlo de ideología vacía que en nada contribuye al desempeño policial”, cuestionó Armas Belavi. El planteo deja a Pullaro ante una pregunta incómoda: por qué su Gobierno considera relevante estudiar la “lithsexualidad” para ascender dentro de una fuerza encargada de prevenir delitos, conducir investigaciones y proteger a los vecinos.
Pullaro habla de orden, pero su gestión examina ideología
Desde el Gobierno provincial argumentaron que las categorías forman parte del módulo sobre violencia de género y de los protocolos de actuación frente al colectivo LGTBI. Sin embargo, respetar la Ley 26.743 de Identidad de Género, evitar la discriminación y tratar dignamente a cada ciudadano no obliga a transformar un examen policial en una clase de militancia identitaria. Conocer reglas concretas de actuación es necesario; memorizar cada etiqueta impulsada por el progresismo es otra cosa.
La activista lesbofeminista Carina Depaoli defendió el temario al señalar que permitiría evitar hechos de violencia institucional. Su posición tampoco explica por qué el conocimiento de esas categorías debería incidir en un ascenso. La Policía puede capacitarse para actuar dentro de la ley sin someter a sus integrantes a una taxonomía sexual cuya utilidad para combatir el delito resulta, como mínimo, difícil de sostener.
La contradicción política golpea directamente a Pullaro. Mientras busca proyectarse como un gobernador de mano firme, su propia administración sostiene contenidos ideológicos que desplazan la formación policial hacia debates identitarios. Si considera que conocer la “antrosexualidad” es una competencia decisiva para conducir agentes, debería explicárselo a los santafesinos que esperan patrulleros, prevención y policías preparados para enfrentar a los delincuentes.