Las empresas energéticas de capital extranjero volvieron a transferir utilidades al exterior luego de varios años de restricciones cambiarias que impedían el giro de dividendos. La medida se convirtió en una de las señales más relevantes para los inversores internacionales y refleja el proceso de normalización económica impulsado por el Gobierno de Javier Milei.
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El cambio fue posible tras la entrada en vigencia de la Comunicación “A” 8226 del Banco Central, que habilitó nuevamente el acceso al Mercado Único y Libre de Cambios (MULC) para el envío de dividendos correspondientes a ejercicios iniciados a partir del 1° de enero de 2025.
Los datos oficiales muestran que el mecanismo ya comenzó a utilizarse. Durante marzo de 2026, los egresos por utilidades y dividendos alcanzaron los USD 869 millones, mientras que en abril se registraron transferencias por otros USD 365 millones.
El sector energético lideró ampliamente estos movimientos. Solo en marzo concentró USD 460 millones, más de la mitad del total registrado, y en abril volvió a ubicarse entre los principales rubros que utilizaron el nuevo esquema.
Entre las compañías que participaron del proceso aparecen firmas internacionales como Chevron, Shell y TotalEnergies, además de empresas argentinas con estructuras corporativas radicadas en el exterior.
La posibilidad de repatriar utilidades era uno de los principales reclamos de los inversores extranjeros desde la reinstauración del cepo cambiario en 2019. Durante años, muchas empresas debieron reinvertir sus ganancias localmente o mantener capital inmovilizado dentro del país ante la imposibilidad de transferir fondos a sus casas matrices.
Desde la llegada de Milei al Gobierno comenzó un proceso gradual de flexibilización cambiaria. Primero se eliminaron restricciones para personas humanas y posteriormente se avanzó sobre distintos controles que limitaban el funcionamiento del mercado de cambios.
La reactivación del giro de dividendos aparece ahora como una señal concreta de mayor previsibilidad para las empresas internacionales y fortalece las expectativas de inversión en sectores estratégicos como energía, minería e infraestructura.
Para el Gobierno, la medida forma parte de una estrategia más amplia orientada a recuperar la confianza de los mercados, mejorar el clima de negocios y consolidar a la Argentina como un destino competitivo para el capital privado.