En un giro clave en el conflicto en Medio Oriente, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó una tregua bilateral de dos semanas con Irán, tras una escalada que mantuvo en vilo a los mercados y a la comunidad internacional.
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El punto central del entendimiento fue la reapertura total del Estrecho de Ormuz, un corredor estratégico por donde pasa cerca de una cuarta parte del petróleo mundial. La medida había sido exigida por Washington en medio de crecientes tensiones.
Durante los días previos, el conflicto escaló con amenazas directas, advertencias militares y un ultimátum concreto por parte de Estados Unidos. En ese contexto, el acuerdo marca un cambio en la dinámica del enfrentamiento y abre una ventana de negociación.
Según detalló el propio Trump, el acercamiento se dio tras contactos con el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, y el jefe militar Asim Munir, en base a una propuesta de 10 puntos presentada por Irán que permitió avanzar hacia un entendimiento.
A partir de ese marco, Estados Unidos decidió suspender los ataques durante dos semanas, en una señal de distensión que busca encauzar el conflicto hacia una salida diplomática.
La reapertura del estrecho no solo reduce la tensión militar, sino que también impacta directamente en la economía global. En los últimos días, el temor a un bloqueo había generado incertidumbre en los mercados y presión sobre los precios del petróleo.
Ahora, el foco está puesto en si esta tregua temporal puede transformarse en un acuerdo más amplio. Por lo pronto, el escenario abre una etapa de negociaciones con impacto global, tanto en términos geopolíticos como económicos.