El presidente de Donald Trump afirmó que Estados Unidos comenzó a dialogar con el gobierno cubano, en un contexto marcado por una fuerte escalada de presión económica y energética sobre la isla. Las declaraciones se dieron mientras Washington avanza en el corte de suministros de petróleo provenientes de Venezuela y México, una medida que profundiza la asfixia sobre el régimen comunista.
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“No tienen dinero, no tienen petróleo”, sostuvo Trump ante la prensa, al remarcar que el sostenimiento económico de Cuba dependía del crudo venezolano, hoy interrumpido tras la captura de Nicolás Maduro. Según el mandatario, ese escenario empuja a La Habana a sentarse a negociar en condiciones de extrema debilidad.
En las últimas semanas, la Casa Blanca intensificó su ofensiva regional. Trump declaró una emergencia nacional al considerar que Cuba representa “una amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad estadounidense, acusando al régimen de albergar intereses rusos, iraníes y organizaciones terroristas, además de violaciones sistemáticas a los derechos humanos.
Como parte de esta estrategia, Washington firmó una orden ejecutiva que impone aranceles a cualquier país que venda petróleo a Cuba, elevando el conflicto a un plano internacional. La decisión impactó de lleno en México, que suspendió los envíos de crudo a la isla tras presiones directas de la administración Trump, una medida que incluso fue reconocida públicamente por la presidenta Claudia Sheinbaum.
Desde La Habana, el régimen respondió con dureza. El presidente cubano Miguel Díaz-Canel acusó a Estados Unidos de intentar replicar el “modelo Venezuela” contra Cuba y advirtió que el país enfrenta un “cerco absoluto” destinado a provocar colapso económico y crisis humanitaria. Sin embargo, reconoció que no descarta negociaciones, siempre que se realicen “entre iguales”, aunque aclaró que hasta el momento no hubo contactos formales.
Trump, por su parte, dejó abierta la puerta a un eventual acuerdo, pero bajo sus condiciones. “No tiene por qué ser una crisis humanitaria. Si quieren hablar, haremos un trato”, afirmó. En ese marco, aseguró que un eventual entendimiento podría derivar en “una Cuba libre de nuevo”, consolidando una estrategia que combina presión máxima y negociación desde una posición de fuerza.