El primer ministro de Canadá afirmó que su administración no tiene previsto firmar un acuerdo de libre comercio con China, en medio de una escalada de tensiones comerciales con Estados Unidos. La declaración buscó desactivar el conflicto abierto tras las duras advertencias lanzadas desde la Casa Blanca.
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Las palabras de Carney llegaron después de que Trump advirtiera que impondría aranceles del 100% a los productos canadienses si Ottawa profundizaba sus vínculos comerciales con Pekín. Desde Washington señalaron el riesgo de que Canadá funcione como una vía indirecta para el ingreso de bienes chinos al mercado estadounidense.
El mandatario canadiense sostuvo que los contactos recientes con China se limitaron a “corregir problemas” heredados de años anteriores y remarcó que su país no avanzará en acuerdos con economías no de mercado. Sin embargo, la explicación generó escepticismo tanto en la oposición como en sectores empresariales.
El trasfondo del conflicto es un entendimiento preliminar entre Canadá y China que incluye reducciones arancelarias en sectores sensibles, como el ingreso de 49.000 vehículos eléctricos chinos con una tasa preferencial del 6,1%, a cambio de beneficios para exportaciones agrícolas canadienses.
Desde la Casa Blanca insistieron en que estas concesiones contradicen los esfuerzos de Estados Unidos y sus aliados para frenar el dumping chino y la expansión de industrias subsidiadas por el Estado. El episodio dejó expuesta la fragilidad del equilibrio comercial canadiense y el peso de la presión estadounidense en sus definiciones estratégicas.