El gobierno de Santa Fe realizó una requisa masiva en la Unidad Penitenciaria N.º 11 de Piñero, uno de los penales más sensibles del sistema carcelario provincial, donde se encuentran detenidos integrantes de organizaciones criminales y sicarios vinculados a la violencia en Rosario.
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El operativo fue ejecutado por grupos tácticos del Servicio Penitenciario, que ingresaron a distintos pabellones para revisar celdas, pertenencias y espacios comunes. Durante el procedimiento se secuestraron celulares, chips y elementos cortopunzantes, objetos que suelen ser utilizados para ordenar delitos desde el interior de las cárceles.
Las imágenes del procedimiento muestran a decenas de agentes desplegados dentro del penal mientras los internos son retirados de sus celdas para permitir la inspección completa de los pabellones.
Cortar el delito desde las cárceles
Las requisas forman parte de la estrategia de seguridad impulsada por el gobernador Maximiliano Pullaro, que desde el inicio de su gestión endureció el control sobre criminales considerados de alto perfil.
Uno de los ejes centrales del plan es impedir que los detenidos utilicen teléfonos celulares o canales clandestinos de comunicación para coordinar balaceras, extorsiones o ataques desde prisión, una práctica que durante años alimentó la violencia en Rosario.
La nueva cárcel para criminales de alto perfil
En paralelo, el gobierno provincial avanza con la construcción del Centro de Reclusión para Internos de Alto Perfil (CERIAP) en el complejo penitenciario de Piñero, un penal diseñado específicamente para narcos, sicarios y líderes criminales.
El establecimiento tendrá características inéditas en el país, como doble muro perimetral de 10 metros de altura, torres de vigilancia con visión de 360°, celdas individuales de hormigón y sistemas de inhibición de señal para impedir comunicaciones ilegales.
Además, el sistema funcionará bajo el modelo de “contacto 0”, que limita el contacto entre internos para evitar que puedan coordinar acciones con otras estructuras criminales dentro del penal.
En paralelo a estos operativos, especialistas penitenciarios de la ONU y de sistemas carcelarios de la región recorrieron las obras del nuevo penal de alto perfil de Piñero, conocido como “El Infierno”, que tendrá capacidad para más de 1.100 internos de máxima peligrosidad. El complejo busca aislar a líderes criminales y cortar los vínculos con las organizaciones delictivas que operan fuera de las cárceles, reforzando el nuevo modelo penitenciario impulsado por la provincia.
Según explicó el propio gobernador Maximiliano Pullaro, el objetivo es claro:
“Esta obra es para ponerle límites a aquellos violentos que durante muchos años creyeron que desde la cárcel podían seguir cometiendo delitos”.