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Sturzenegger defendió abrir el comercio aun con impuestos en baja y cuestionó la “cancha desnivelada”

El ministro de Desregulación sostuvo que la apertura comercial no debe esperar a la reducción total de costos y explicó por qué incluso beneficia más a economías menos productivas.

Por Redacción

Jueves, 05 de febrero de 2026 a las 10:44

El ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, cuestionó uno de los argumentos más utilizados para frenar la apertura comercial y sostuvo que esperar una baja total de impuestos y costos antes de abrir la economía es un error conceptual que termina postergando reformas necesarias. A través de un extenso hilo publicado en redes sociales, el funcionario apuntó contra la idea de la llamada “cancha desnivelada”, utilizada por sectores empresariales, economistas y analistas para justificar la continuidad de barreras comerciales.

Según explicó, ese razonamiento parte de la premisa de que Argentina no puede competir mientras mantenga una estructura de costos elevada, pero en la práctica funciona como una coartada para evitar competir y demorar los cambios de fondo. Para Sturzenegger, se trata de una postura cómoda, políticamente aceptable, que suena razonable pero que en realidad sirve para patear la apertura hacia adelante.

El ministro recurrió a la teoría económica clásica para refutar ese planteo y recordó que David Ricardo demostró hace más de dos siglos que el comercio es beneficioso incluso entre economías con enormes diferencias de productividad. Señaló que esas desigualdades no son una excepción, sino la norma, y que existen múltiples factores que explican por qué algunos países producen con mayores costos que otros.

En ese marco, remarcó que son justamente las economías con menor productividad las que más se benefician del comercio, ya que la apertura permite especializarse en aquello en lo que se es relativamente más eficiente. Desde esa lógica, la existencia de una cancha desnivelada no invalida la apertura, sino que potencia sus beneficios.

Sturzenegger también vinculó el debate comercial con el peso del Estado y la presión impositiva. Afirmó que los impuestos y regulaciones excesivas actúan como una merma directa de la productividad, reduciendo el rendimiento del esfuerzo individual y encareciendo los costos de producción. Esa pérdida, explicó, termina impactando directamente en los salarios, ya que un sistema más ineficiente paga peores remuneraciones.

Por ese motivo, defendió el ajuste del gasto público y la desregulación como herramientas centrales del programa económico. En sus palabras, la reducción del tamaño del Estado es clave para mejorar el salario real y permitir que el capital y el trabajo obtengan una mejor retribución.

No obstante, fue claro en un punto central: bajar impuestos no es una condición previa para abrir la economía. La apertura comercial, sostuvo, no debe esperar a que la cancha esté perfectamente nivelada, porque incluso en contextos de altos costos internos el comercio genera más oportunidades, más empleo y más crecimiento.

Finalmente, Sturzenegger afirmó que Argentina no completará su transformación hasta entender que comerciar no destruye empleo, sino que lo multiplica, y que cerrar la economía solo perpetúa ineficiencias y bajos salarios. Para el ministro, abrirse al mundo es un paso imprescindible para construir una Argentina moderna, competitiva y próspera.

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