El desarrollo de Vaca Muerta empieza a mostrar efectos concretos en la dinámica poblacional: más de 15 mudanzas por semana se registran hacia la región, según datos del sector logístico. El fenómeno refleja el peso creciente del polo energético en Neuquén, impulsado por salarios competitivos, mayor demanda laboral y expansión de la actividad.
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El movimiento no se limita al núcleo petrolero. La expansión alcanza a toda la región cordillerana y conecta con sectores estratégicos como gas, minería, agroindustria y servicios asociados, que comienzan a ganar protagonismo en el nuevo mapa productivo. Este proceso consolida una tendencia hacia una economía más apoyada en generación de divisas, inversión y empleo privado.
El impacto se observa también en la estructura habitacional y urbana. A los perfiles técnicos se suma una segunda capa de actividad que incluye comercios, gastronomía, transporte, mantenimiento y alojamiento, ampliando el efecto económico más allá de los yacimientos. Así, Vaca Muerta se convierte en un polo que tracciona consumo, servicios y desarrollo regional.
Según un informe del IERAL, el Comahue enfrentará un 2026 con crecimiento desigual, pero con Neuquén como una de las principales ganadoras gracias al impulso del petróleo no convencional. Las perspectivas marcan mejoras en empleo, ingresos y nivel de actividad, consolidando su rol como motor económico.
En este escenario, el desafío pasa por acompañar la expansión con infraestructura. El ministro de Economía, Luis Caputo, ya anticipó la necesidad de modernizar la logística y mejorar la conectividad, con el objetivo de reducir costos y potenciar la competitividad. La apuesta oficial apunta a integrar estos polos productivos en una economía más federal, exportadora y dinámica, donde el crecimiento del interior tenga impacto sostenido.