La última cumbre del Mercosur volvió a mostrar a Javier Milei como el principal impulsor de un cambio de rumbo estratégico dentro del bloque regional, con una agenda orientada a la apertura comercial, la inserción internacional y el alineamiento con las democracias occidentales.
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En contraste, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva mantuvo una postura más conservadora y proteccionista, especialmente en relación con Venezuela. Mientras Milei respaldó la captura de Maduro y la acción de Donald Trump contra el narcoterrorismo regional, Lula cuestionó la operación y priorizó una defensa abstracta de la soberanía chavista.
En el plano económico, la Argentina volvió a insistir en la necesidad de flexibilizar el Mercosur para avanzar en acuerdos con la Unión Europea, Emiratos Árabes Unidos y Vietnam. Desde el Gobierno señalan que la resistencia brasileña a abrir su mercado interno es uno de los principales obstáculos para cerrar esos entendimientos.
Pese a las trabas, la administración Milei reafirmó su decisión de avanzar con acuerdos extra zona, con el acompañamiento de Uruguay y Paraguay. La estrategia apunta a evitar que el bloque quede atrapado en una lógica de consenso permanente que, según la mirada oficial, le resta competitividad frente a otros espacios comerciales.
En ese escenario, Milei se consolida como la voz más activa del Mercosur a favor del libre comercio, la modernización y la integración global, marcando una diferencia clara con los modelos intervencionistas del pasado y posicionando a la Argentina como un actor decidido a liderar una nueva etapa regional.