Estados Unidos desplegó durante más de dos semanas una operación marítima para intentar incautar un petrolero vinculado al circuito petrolero ilegal de Venezuela, que navegaba bajo identidad modificada y bandera rusa. El buque, originalmente denominado Bella-1 y luego rebautizado Marinera, logró evadir reiterados intentos de abordaje por parte de la Guardia Costera, a pesar de encontrarse formalmente bajo sanciones internacionales.
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Fuentes oficiales estadounidenses confirmaron que durante el operativo se detectó la presencia de buques militares rusos, incluido un submarino, en las inmediaciones del área de persecución. El dato elevó el nivel de alerta y expuso el respaldo estratégico de Moscú a las rutas clandestinas utilizadas por el entramado petrolero venezolano.
La maniobra no fue un hecho aislado. En simultáneo, al menos 16 petroleros sancionados intentaron eludir el bloqueo activado por Washington mediante técnicas de spoofing, apagado de señales AIS, falsificación de rutas y cambios de nombre. Tras la captura de Nicolás Maduro, doce de esas embarcaciones desaparecieron completamente del radar, en lo que analistas interpretan como un desafío directo al control del poder transitorio en Caracas.
Documentación interna de PDVSA y fuentes del sector energético indican que varios de esos buques zarparon sin autorización oficial y fueron contratados por operadores sancionados como Alex Saab y Ramón Carretero. Washington sostiene que estas redes siguen siendo clave para sostener ingresos ilegales del régimen.
El operativo se inscribe en el bloqueo total ordenado por Donald Trump, una medida que —según el secretario de Estado Marco Rubio— busca paralizar por completo las rutas clandestinas del crudo venezolano, manteniendo únicamente canales regulados como los envíos autorizados de Chevron al Golfo de México.